Después de 5 minutos

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Sentadas en el césped colindante al edificio donde hacíamos no sequé curso. Abríamos con impaciencia nuestros respectivos tuppers. Una triste tortilla francesa con un par de lonchas de jamón york, ¡pues vaya! Debí haber dedicado algo más de tiempo y materia la noche anterior en la elaboración de mi comida. Debí haber previsto el hambre después de 6 horas sin meter nada al estómago. Debí haber, pero no lo hice.

Tomamos decisiones en el presente para un futuro lleno de condicionantes. ¿Qué sabía yo del hambre después de cenar berenjena rellena con carne, mucho queso y 5 kilos de postre? En ese momento esa triste tortilla era, incluso, demasiado.

Lo bueno que trajo la tortilla, y mi cara rancia como resultado, es que la chica que se sentaba cerca de mí, se dio cuenta. Me ofreció algo de su comida y se presentó. Diré que era una tal Petra. Sin darme cuenta ya estaba dentro. Petra con la pila de preguntas  y yo con la pila de respuestas. De dónde eres, años, nombre, estudios, estado civil y un largo etcétera que cabe en la típica y banal conversación que, desde hace un tiempo, forma parte de mi vida cotidiana. No me equivoco si digo que también de la mayoría de las vuestras, especialmente si eres migrante. Después de un tiempo resulta insustancial. (¿Dónde está mi casa?)

Diálogo el cual no ocupa un espacio temporal de más de 5 minutos. Después hay una pausa, siempre, un silencio.  El cómo se rompe este silencio sí tendrá relevancia.

–Tengo una hija – dijo Petra finalmente –Le quiero con locura. Quiere ser diseñadora en el campo de la moda. Está convencida de querer continuar su formación en París, ya sabes, allí es donde más oportunidades hay en ese campo – me explicaba. Asentí con un movimiento de cabeza. Bajé la mirada y ella siguió. Hablaba de forma pausada y utilizaba frases cortas. Hablaba como si le pesarán las palabras.–Estamos ahorrando para cuando empiece. A decir verdad estoy ahorrando– dijo con una sonrisa de medio lado. –Mi marido y yo nos separamos. Y la manutención de mi hija llega escasamente para sus gastos. Yo trabajo en un colegio y a finales de mes no queda mucho para ahorrar. No sé cómo lo voy hacer – parecía razonar consigo misma.

–Solía viajar durante largas temporadas. Antes de quedarme embarazada estuve en Tanzania, en un proyecto que yo misma inicié. Quiero a mi hija – dijo parando el relato. –Antes ahorraba para mí, ahora ahorro para ella.

–Mi marido, mi ex-marido – matizó–, sigue allí, siempre fue firme con sus ideas y principios. Él siempre quiso estar allí. Yo también. Después de quedarme embarazada. Yo tuve que volver.

Eran las 14h 55 y el resto de compañeras ya habían entrado para continuar con el no sequé curso. Al final del día intercambiamos Facebook y quedamos en vernos para un café que nunca sucedió.

®IsabellaQuintana

De alguna forma, esto me hizo comprender que la maternidad se había impuesto como un patrón de conducta a seguir atribuido a toda mujer desde la sociedad primitiva. Un patrón sólido, que como si de un sistema de goteo se tratara, ha ido formando a las mujeres tal y como se esperaba que fuéramos.

Desde nuestra más tierna infancia dándose pautas de conductas específicas según lo impuesto por la cultura y la sociedad. La mujer acepta y acata las labores que son impuestas por una sociedad patriarcal. Lo que al final hace que se convierta en una aceptación en lugar de una elección.

No sólo su condición de mujer como madre; también la sociedad ha pensado en cómo debe vestirse, cómo expresarse. Sus necesidades, sus deseos, sus valores, su postura o el tono de voz. No interrumpas. Aprende. Obedece. Hay manuales por todas partes que le dirán cómo actuar, televisión, libros, radio, costumbres, tradiciones… Ya está pensado para que la mujer no tenga que hacerlo.

Es importante desmitificar el papel de la mujer en la sociedad. Es importante el respeto hacia todas las mujeres sean cuales sean sus decisiones.

Con perspectiva migrante, y como una más de las muchas que salimos de nuestras casas, también lo tomamos como aceptación y no como opción.

 

Sonia

 

PD1: Años después me sorprendió una foto de Petra en su perfil. El pie de foto marcaba su ubicación. Tanzania 🙂

PD2: No nos vamos, nos echan

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